CUADERNO: Libro pequeño o conjunto de papel en que se lleva la cuenta y razón, o en que se escriben algunas noticias, ordenanzas o instrucciones;
LIBERAL: Partidario de la libertad individual y social en lo político y de la iniciativa privada en lo económico;
ANGLOFILO: Que simpatiza con lo inglés o lo admira;
BIBLIOFILO: Persona amante de los libros;
MELOMANO: Persona fanática de la música.
Recuerdo cada instante, mirada, boca, beso, caricia, rostro, reflejo en el cabello, curva, risa, sonrisa, lágrima, frase, poema, palabra dulce, sueño, abrazo reconfortante, amanecer y atardecer que me han sacudido de raíz en la vida.
En cuanto a la música, ha habido muchos momentos absolutamente sublimes. Es mucha la música que he tenido la fortuna de escuchar, de disfrutar. Pero si tuviera que quedarme con uno solo de esos momentos probablemente sería cada vez que escucho el adagietto del cuarto movimiento de la Quinta Sinfonía de Mahler. Hoy, más de 22 años desde que lo escuché por primera vez, continúa provocándome la misma reflexión: cómo es posible tanta belleza?...
Sin embargo, admito que no siempre busco comfort en música tan elaborada. Con los primeros fríos otoñales, cuando las hojas de los árboles alcanzan el color cobrizo antes de desprenderse para siempre de las ramas, en esos días de noviembre en los que el sol apenas acaricia, cuando a veces siento que el mundo se derrumba, me gusta refugiarme en canciones a las que llamo "ruido brumoso". Guitarras con una sutil cadencia, que parecen desgarrar, acompañadas de voces que susurran o que lamentan, percusión lenta y poquísima floritura, en ocasiones algunas notas de órgano. El amigo Plant es, en este tipo de canciones, una fuente inagotable de recursos.
Ahí os dejo algunos de esos inolvidables ruidos brumosos que me confortan en otoño:
Los Beatles lanzaron en 1967 el LP que probablemente sea el más influyente de la música popular del siglo XX: Sgt. Pepper´s Lonely Hearts Club Band. También fue el album más vendido de aquel año. No es que ambos logros deban estar necesariamente relacionados en todas las épocas musicales, ni tampoco deban estar reñidos, pero el tiempo siempre pone las cosas en su sitio. Y hoy poca gente se atreve a cuestionar la sabiduría musical de la juventud de finales de los sesenta y principios de los setenta. Yo pertenezco a una generación musical posterior, la de los ochenta, que con todos sus aciertos, admito que jamás le llegó a la suela del zapato en conocimiento y gusto musical a la generación de finales de los sesenta. Las cosas como son.
En la lista de LPs más vendidos del 1967, tras la obra maestra de los Beatles se ubicó el primer disco de la banda californiana The Doors, con título homónimo. The Doors estaba integrada por Jim Morrison (vocalista), Ray Manzarek (teclados), Robbie Krieger (guitarra) y John Densmore (batería). Entre 1967 y 1971, cuando falleció Morrison, líder indiscutible de la banda, lanzaron 6 LPs de estudio, y un par de recopilaciones, además de un directo. Posteriormente a 1971, el trío de supervivientes sacaron tres LPs adicionales.
Tengo dificultad en recordar cómo llegué a dar con el primer disco de esta banda. En aquella época no había internet, y la literatura musical accesible a un chico de provincias en España era súuuuuper limitada. Probablemente me encontré con The Doors por casualidad. Debí leer algo de ellos en el texto del LP de otra banda o qué se yo, me debió de llamar la atención la carátula de su primer disco.
Pero lo que sí tengo claro es que yo pocas veces en mi vida he sentido la fé. Quizás cuando tomé la decisión de comulgar a mis 17 años (los curas se encargaron rápidamente de hacérmela perder), un par de veces más por temas que no vienen a cuento en este blog, y principalmente toda la época de mis 20-21 años en la que Jim Morrison era Dios Padre Todopoderoso Sobre La Faz De La Tierra. A día de hoy, en la que fuera mi habitación en casa de mis padres quedan pocos recuerdos de mi paso por allí, pero una de los que sobrevive es un calendario de 1991 que conmemora el 20 aniversario del fallecimiento de Morrison, con una de las fotografías más famosas que le hicieron en vida.
The Doors abrieron las puertas de mi percepción musical. Literalmente.
Mis canciones favoritas de la banda se reordenaban constantemente, conforme escuchaba sus LPs y descubría matices que en las primeras audiciones pasaban desapercibidos en mis oídos en formación. A día de hoy me quedaría con dos temas de su último LP titulado L.A. Woman (1971): la canción homónima, y Riders on the Storm. Esta última canción la escuché después de dejarla muchos años en el olvido mientras cruzaba en coche la Reserva de los Indios Navajo en Arizona, siguiendo la antigua Ruta 66, y con una tormenta encima. Momento mágico como pocos en mi vida.
Como escribir un post sobre The Doors y no mencionar las siguientes canciones me parecería pecado, ahí va una selección personal:
Del LP "The Doors" (1967): Back Door Man, Light My Fire, The End y Soul Kitchen.
De "Strange Days" (1967) Love Me Two Times.
De "Waiting for the Sun" (1968): Hello I Love You, Love Street y Wintertime Love.
De "The Soft Parade" (1969): Touch Me.
De "Morrison Hotel" (1970), por Dios qué discazo!!!!: Roadhouse Blues, You Make Me Real, Peace Frog, Blue Sunday, Land Ho!, Queen of the Highway e Indian Summer.
En vida de su cantante sacaron un LP en directo "Absolutely Live" en 1970. Y tras su muerte, varios de este tipo. A cual mejor.
Por cierto, en American Prayer (1978) descubrí el Adagio de Albinoni, que suena de fondo mientras Morrison recita un poema. Espero que los fanáticos de la música clásica me perdonen (yo soy uno de vosotros también...lo juro!!!!).
En fín, Morrison la palmó en julio de 1971 en Paris, tras varios años de consumir de todo. Las condiciones de su muerte no están muy claras y hay gente que, al igual que sucede con Elvis, se piensa que todavía está vivo.
Yo a The Doors los viví intensamente. Como no podía ser de otra manera con una banda única, legendaria. Y así como llegaron, repentinamente, como alguno de esos amores que nos sacuden de raíz, se marcharon de mi vida, salvo en las contadas ocasiones que reaparecen con intensidad, como la que he mencionado antes, mientras cruzaba Arizona.
Porqué cuento esto ahora? Pues porque este verano en España me di de bruces con un triple CD titulado "The Many Faces of the Doors" que estoy disfrutando estos días muchísimo. En uno de los tres CDs, titulado "Now and Then...", he apreciado la música del único hijo reconocido de Jim Morrison, llamado Cliff Morrison, que canta casi como su padre. De hecho, en una de las dos canciones del CD introducen unas pocas palabras recitadas por el propio Jim, lo cual llega a conmover:
También incluyen canciones de una oscura banda llamada Phantom, cuyos integrantes fueron todo un misterio durante años, y que en 1974 (tres años después de la muerte de Morrison en París) publicaron un disco donde uno realmente se cuestiona si Jim murió realmente o no.
En el segundo CD, titulado "The Songs" se presentan versiones de las canciones más famosas de la banda interpretadas por otros grupos. A mi me encantó la interpretación de los daneses Raveonettes del legendario "The End":
Y en el tercer CD, titulado "The Roots" se rinde homenaje a los blues y música de bodevil en la que The Doors se inspiró para interpretar y componer muchas de sus joyas musicales. Podría incluir aquí canciones de leyendas del blues como John Lee Hooker, Howlin´Wolf, Bo Diddley o Muddy Waters, pero quiero cerrar este post con una curiosidad: la obra del poeta y dramaturgo alemán Bertol Brecht titulada "Alabama Song", musicalizada por su compatriota Kurt Weill, que fue incluida en la Opera "Caoba" e interpretada por su esposa Lotte Lanya:
Long Live The Lizard King...Long Live The Doors!!!!!
Estas últimas semanas ha habido un revuelo en Estados Unidos acerca de la bandera confederada con motivo del asesinato a sangre fría de varios feligreses de raza negra en una parroquia de Carolina del Sur, a manos de un supremacista blanco. Es una verdadera pena que idiotas como éste se hayan apropiado de una bandera tan chula y que significa tanto para gente de lo más decente. Pero así es la vida. Y sino que se lo digan a los vascos.
El caso es que este episodio ha desembocado en una carrera populista en la que compañías a las que tanto admiraba, como Amazon o eBay, han decidio prohibir la venta en sus sitios web de la enseña confederada. Personalmente creo que el racismo en este país no se resuelve con gestos así. Esto es populismo del barato, de ese que gusta tanto al Partido Demócrata, y peor aún, para algunos raya en un irrespeto a la maravillosa Primera Enmienda de la Constitución que es la que defiende una de las libertades que han hecho admirable a este país: la Libertad de Expresión.
Dejando polémicas aparte, quería aprovechar estas circunstancias para explicar un poquito la evolución de la enseña del sur, la Dixie Flag, como aquí le llaman. A mi personalmente es, desde un punto de vista estético, de las banderas que más me gustan.
La bandera rectangular que hoy conocemos como bandera confederada, ondeada en multitud de conciertos y en carreras de coches, así como lamentablemente adoptada como símbolo por idiotas supremacistas como el que antes mencionaba, nunca fue bandera oficial de la Confederación.
La primera bandera oficial de la Confederación fue la llamada "Estrellas y Barras", con un diseño similar a la bandera austríaca, no en vano su autor fue un prusiano, que incluía inicialmente siete estrellas agrupadas en círculo, una por cada estado secesionista. Variaciones de esta bandera, a la que se le añadieron más estrellas (hasta trece) conforme más estados se unían a la Confederación, fue la oficial del gobierno sureño entre 1861 y 1863.
Fue desplegada en las primeras batallas de la Guerra de Secesión, como Manassas, pero dada su semejanza con la bandera de la Unión, el ejército confederado que operaba en el este del país, comandado por el General Robert E. Lee, la sustituyó por otra insignia que no indujera durante el fragor de la lucha a la confusión entre los soldados. A dicha insignia se le denominó la bandera de guerra del ejército de Virginia del Norte. Esa bandera es como la Dixie Flag que todos conocemos pero en vez de ser rectangular es cuadrada.
Como decía antes, la "Estrellas y Barras" fue utilizada por el gobierno confederado (salvo en el campo de batalla) entre 1861 y 1863, cuando fue sustituida por la llamada Bandera Impoluta (o sin manchas), que combina la enseña guerrera del ejército de Lee con un fondo blanco.
Esta enseña fue reemplazada casi al final de la guerra, en 1865, por la llamada Bandera Manchada de Sangre, que es como la impoluta pero con una flanja vertical roja.
A mi esta última bandera me encanta. Y por eso, el otro día, cuando salió la noticia de que tanto Amazon como eBay iban a prohibir la venta de estas banderas en sus sitios web, corrí a encargar una en algodón y con las estrellas bordadas en seda. Para mi colección de banderas desparecidas, donde tengo, entre otras, la bandera republicana española o la de la difunta RDA, comprada en Berlín Oriental en 1980.
Americana es un tipo de música folclórica, amalgama de varios estilos puramente americanos como el country, el bluegrass, el R&B y el Blues, entre otros, donde los instrumentos acústicos juegan un papel preponderante, pero donde no es nada extraño encontrarse con una banda eléctrica al completo. Cuando sintonizas melodías en la radio del coche mientras conduces por territorio americano, es difícil evitar canciones de Americana.
Dada su afinidad con otros estilos más puros, es frecuente confundirla. Yo fuí consciente de que se trataba de un estilo musical propio al escuchar un CD de uno de sus músicos más famosos, Robert Earl Keen (REK), en el que incursionaba en el estilo americano que más me gusta, el Bluegrass. El CD en cuestión se titulaba The Bluegrass Sessions. De este CD destacaría la canción 52 Vincent Black Lightning, que narra la pasión desmedida de un pícaro por esa icónica motocicleta americana y por las pelirrojas ("...red hair and black leather, my favorite color scheme..."). A partir de ese maravilloso CD fui descubriendo joyas de su repertorio Americana, y me encontré con canciones como For Love o Feelin´ Good Again. Si alguna vez teneis que echar millas por carreteras americanas, este estilo musical y cualquiera de las canciones de REK son buenísimos acompañantes. Os dejo los links a la terna de canciones seleccionadas. Enjoy them!
Lied es una canción artística alemana, una maravillosa combinación de poesía y música, que te llega al corazón. Las primeras que se conocen datan del siglo XII y fueron obras de los llamados minnesingers, una especie de trovadores poetas que cantaban historias de amor cortesano. En el siglo XVI, antes de decaer frente a estilos músicales italianos más en boga, las letras de amor fueron remplazadas por textos sacros, convirtiéndose en un vehículo ideal para divulgar el Protestantismo en Centroeuropa. El Romanticismo de finales del siglo XVIII y XIX dió nuevos bríos a la poesía popular y muchos poemas fueron musicalizados por los grandes compositores de la época. Entre ellos cabe destacar a Franz Schubert, Robert Schumann, Johannes Brahms y Hugo Wolf.
Yo conocí este género musical por casualidad. Durante la feria de discos y libros de segunda mano que organizaba cada abril el colegio Sagrado Corazón en Bethesda, en el área metropolitana de Washington DC, me crucé con un CD de la compañía Philips de 1982, que contenía las Cuatro Ultimas Canciones de Richard Strauss, interpretadas por la soprano americana Jessye Norman, acompañada por la Orquesta Gwandhaus de Leipzig, dirigida por Kurt Masur. Estas cuatro canciones fueron compuestas por Strauss en 1948, pocos meses antes de su muerte. Las canciones se titulan Primavera, Septiembre, Cuando me duermo y En el ocaso. La letra de las tres primeras son poemas del premio Nobel Hermann Hesse. La cuarta, para mi la más hermosa de todas, de Joseph von Eichendorff. El estreno mundial de estas cuatro canciones fue en 1950, con Strauss ya enterrado, en el Royal Albert Hall de Londres, interpretadas por la soprano Kirsten Flagstad. La discografía oficial incluye más de 80 grabaciones de estas Lieder (canciones). Yo he escuchado varias de esas grabaciones, no todas, por supuesto. Pero la de Jessye Norman me sigue pareciendo la mejor.
Cuando las escuché por primera vez me sacudieron de raíz. Y a día de hoy, las cante quien las cante, me siguen estremeciendo. El otro día llevé a mi hijo mayor a su primer concierto de música clásica en el que participaba una voz humana. Elegí esta obra, interpretada por la soprano Heidi Melton, y acompañada por la Orquesta Sinfónica de Baltimore dirigida por Markus Stenz. Fue en el Strathmore de Rockville, en Maryland.
Admito que se me ha hecho un nudo en la garganta y se me han humedecido los ojos escuchando en directo All your love de John Mayall en el Rincón de Goya del Parque Primo de Rivera de Zaragoza, So begins the task de Stephen Stills en el Wolf Trap de Virginia, el Carmina Burana de Carl Hoff interpretado por el Orfeón Donostiarra en la Iglesia de Santiago de Zaragoza, Take five de Dave Brubeck en el Teatro Principal de Zaragoza, Sweet little sixteen de Chuck Berry en Bristol, Blue Hotel de Chris Isaak en el Teatro Warner de Washington DC...y qué narices!, también el How many lies de Spandau Ballet en la Plaza de Toros de Zaragoza, con 16 años recién cumplidos...entre otras canciones.
Pero confieso que nunca he derramado las lágrimas que me salieron en el Strathmore de Rockville escuchando esas cuatro canciones sublimes.
Dejo aquí un link a estas cuatro perlas germánicas: